25 jun. 2010

Malditos argentinos: me sacaron las lágrimas

Nota publicada en Vuelta en U, portal de Costa Rica, luego del partido de Argentina contra Grecia.

Víctor Fernández G.
vfernandez@vueltaenu.co.cr




No importa que sea el goleador histórico de Boca, el ídolo, el referente. Cuando de jugar con la sele se trata, Martín Palermo se la pela.

La anterior es una idea tan compartida como injusta, dado que el rubio veterano hacía rato que había desaparecido de la albiceleste, castigado tras protagonizar la pelada más grande de todos los tiempos para un delantero: botar tres penales en un mismo partido.

Aquel episodio fatídico desterró a Palermo de la selección argentina, por lo que debió conformarse con sumar goles por docenas con Boca. Ídolo local, sin salir de la Bombonera.

Luego llegó Maradona al frente del equipo nacional y, como es su costumbre, hizo lo inaudito, lo insospechado, lo risible: resucitar a Palermo.


Fotografías de AP.
En un equipo encabezado por dios en la tierra –Lionel Messi– y con depredadores de porteros como Milito, Tevez, Higuaín y Agüero, Palermo es una anomalía, un bicho raro, un antojo, un chiste, un capricho del caprichoso Diego Armando... y en buena hora que Maradona hace lo que le da la gana.

Mientras que la mayoría de los técnicos en el Mundial africano destellan elegancia, clase, buen vestir, gusto y decencia, Maradona es un corrientazo, un hincha metido en un traje entero que se quiere reventar. Con aretes y pelo a la taxista, el Diego es el entrenador más divertido de la cita, ese al que los aficionados pagan por ver tanto, o incluso más, que a su equipo.

Maradona llegó a Sudáfrica y disparó tieso y parejo: se cagó en Platini y Pelé; endiosó más a Messi; humilló a los coreanos con un inesperado taquito; besó y nalgeó a todos sus pupilos para decir más tarde que a él lo que le gustan son las mujeres, brincó como un enano... pues es un enano.

Y hoy, con su equipo más que clasificado y sin nada que perder, Diego se salió con la suya: mandó a llamar a Milito y en su lugar metió a Palermo, sí, al roco de Palermo.

Cuando lo vi entrar a la cancha no pude evitar una risa de satisfacción, involuntaria pero sincera: ahí estaba jugando, por primera vez en un Mundial, el artillero insigne del fútbol argentino, el mismo que hasta hoy se pudo quitar de encima el karma que da el pelársela como sólo él se la ha pelado.


Palermo corrió, la pulseó pero estaba claro que meter un gol era misión imposible para él y todos sabíamos que ese sería, posiblemente, el único ratico que lo veríamos en acción en este torneo, dado que los partidos que siguen son como finales y ni alguien tan chiflado como Maradona metería a un delantero de 35 años en un partido de octavos o cuartos de final.

Pero Martín ya estaba feliz: para él la noche era completa, pues su equipo ganaba, pasaba de primero de grupo y al fin se le hizo su debut mundialista.

Y llegó Messi.

Obsesionado con marcar un gol en este Mundial (paciencia, pequeño saltamontes), Messi tiró por enésima vez en el partido. El portero griego rechazó a como pudo y la bola, la maldita bola, le quedó al roco, al capricho de Diego, a ese, sí, a ese que llaman Martín Palermo.

El macho acomodó al otro lado del arquero, con estilo, y aunque sabía que había anotado desde el momento en que el taco y la bola se juntaron, no celebró sino hasta que vio la redonda al fondo, en los mecates, allá donde no pudo colocarla tres veces, hace ya muchos años, por la vía del penal.

Palermo salió corriendo y a mí, sólo frente al tele gigante de la cafetería, se me vinieron las lágrimas. Mierda, primera vez que se me afloja el menudo viendo un partido de una sele que no sea Costa Rica. Maldito Palermo, me sacaste las lágrimas.

En el banco, el enano peludo brinca como endemoniado, besa, abraza y toca nalgas... Maradona se ha salido con la suya y con ese gol de Martín dejó callados, al menos por hoy, a todos los que lo criticaron –con razón– por ser un entrenador a la Charly García: alguien que, a pesar de sus atentados contra sí mismo, siempre se las arregla para sonreír de último.


Antes de que empezara el Mundial africano yo no tenía equipo predilecto. Brasil me cansa con sus payasadas y el único equipo europeo que me llamaba la atención, España, está para tragicomedias. Así que hoy me decidí y voy por Argentina, no por Messi ni por todos los demás magos albicelestes, sino por la Brujita Verón; por el resucitado Palermo y por el corrientazo de Maradona.

Quiero que al final sean esos rocos argentinos los que alcen la Copa, quiero que la Brujita se retire como Campeón del Mundo; quiero que Martín pueda rajar que en su primer Mundial salió por la puerta grande y, por sobre todas las cosas, quiero que el enano peludo tenga más motivos para basurear a Pelé; para inspirar nuevas y disparatadas iglesias en su nombre; quiero una nueva generación de niños llamados Diego Armando... quiero que el entrenador que la Fifa más odia, el que los periodistas detestan por no seguirles el juego, y el que los entendidos aborrecen sea prueba viviente de que el más enano puede tener la leyenda más grande.

24 jun. 2010

Programa 11

Bloque 1


Bloque 2


Bloque 3

17 jun. 2010

Mundo Redondo TV, programa del miércoles 16 de junio

El programa de esta semana no fue emitido por Canal 12 por el partido España Suiza, por eso lo presentamos completo.


Mundo Redondo - Programa 10 Bloque 01 - Miércoles 14:30 por Canal 12 Posadas Misiones from JorgeTv on Vimeo.




Mundo Redondo - Programa 10 Bloque 02 - Miércoles 14:30 por Canal 12 Posadas Misiones from JorgeTv on Vimeo.




Mundo Redondo - Programa 10 Bloque 03 - Miércoles 14:30 por Canal 12 Posadas Misiones from JorgeTv on Vimeo.

Maradona, Cooke y el hecho maldito




















 Héctor Timerman publicó en su muro, en facebook, un mensaje que había recibido en twiter: “Maradona es el hecho maldito del país Olé”. Esa frase derivó en una serie de comentarios que de maneras más o menos elaboradas convalidaban, o mejor, manifestaban su adhesión a D10s. Por supuesto, también adherí a tales expresiones. Hace tiempo ya que la figura de Diego genera amores y odios, idolatrías y desprecios, usos y abusos. Sin embargo, permítanme interpretar la figura de Maradona en el marco de una dicotomía clasificatoria que fuera brillantemente expresada por Domingo Faustino Sarmiento en el Facundo: Civilización y Barbarie. A la manera de un ordenador ideológico, la historia política argentina pareciera dirimirse entre estos dos polos. A veces cruda y explícita, otra arropada en finos textos y sutiles adjetivos, esta dicotomía se ha extendido y propagado por los lugares más impensados de la vida social y cultural del país.
En los noventa, con el auge del neoliberalismo, y hace unos pocos años, en el debate sobre las retenciones a la patria sojera y – fundamentalmente - sobre el interés público y el privado se actualizaron muchas de las categorías subsidiarias de aquella matriz que marcó el terreno de la discusión ideológica en la Argentina. Del lado de la civilización, uno puede identificar fácilmente, el país agroexportador, la democracia burguesa, la moral moderna atada a fines y medios del individuo, la razón, la racionalidad que promueve el capital. Por el lado de la barbarie nos encontramos con culturas locales, economías regionales, liderazgos carismáticos y cierto carácter inaprensible – o mejor, ingobernable – para las lógicas que desde el orden económico y político mundial se propone como racional.
El peronismo ha sido visto desde sus inicios como formando parte de la barbarie política argentina. Su indiscutible compromiso con la mejora de las condiciones de vida de los sectores más postergados – sobre todo en los primeros años, aquellos en los que se hablaba de la patria de la felicidad -, su difícil alineamiento en las corrientes políticas clásicas heredadas del patrón europeo de derechas e izquierdas, la fundación y consolidación de un lenguaje político que prefiguraría el universo semántico de los movimientos sociales y populares hicieron del peronismo lo que John William Cooke definió como “el hecho maldito del país burgués”. Brillante identificación de un movimiento en cuyo seno se expresaban las contradicciones y luchas de la sociedad argentina, pero que – hacia los sectores del modelo conservador, agroexportador y alineado con el orden internacional – se presentaba como irracional, imprevisible y, por supuesto, bárbaro. Con el peronismo aparecieron, se actualizaron, los adjetivos que la matriz dicotómica de Sarmiento generó en las diversas luchas en donde lo que estaba en discusión era el modelo de país.
Sin embargo, en lo cotidiano, en los medios de comunicación y quizás muy alejados de aquellas instancias fundacionales o liminares, se pueden escuchar muchas categorías sucedáneas de aquella vieja matriz. Suerte de derivados conceptuales, clasificatorios y denotativos en donde la ideología construye estereotipos que dan sentido a las diversas – y contradictorias – posiciones de los sujetos en el orden social.
La aparición de Maradona en el campo de los ídolos populares generó toda una serie de interpretaciones, apropiaciones y discusiones en donde lo que estaba en juego, y lo que se ponía (y se pone) en juego va mas allá de un debate sobre las condiciones sobresalientes de un jugador de fútbol. El relato – los relatos – que conforman la historia de Maradona dan cuenta más de quienes, o desde donde, se escribe que de la propia autobiografía que pudiera contar el Diego. Como una suerte proliferación de hermeneúticas interpretativas que van haciendo, cada una a su manera, un retrato siempre distinto del barrilete cósmico, del cebollita, del fuera de la ley, del drogón, del padre de familia, del declarante compulsivo, del que dice verdades, en fin, de D10s.
Y, obviamente, cuando Maradona se hizo cargo como dt de la selección nacional, volvieron a aparecer las categorías que intentaban ubicarlo, a la manera de una suerte de control simbólico, en el lugar de aquel que está ocupando un lugar que no le corresponde: por origen de clase, por no corresponder al modelo de deportista sano y familiar, por hablar de más, por festejar desaforadamente la clasificación de argentina al mundial. Sobre todo el periodismo deportivo hizo hincapié en estas aseveraciones. Esto tuvo su punto culminante –su respuesta acorde - con la famosa frase: “(Perdón a las damas.) Pero… ¡que me la chupen!” Otra vez Maradona del lado de la barbarie. Otra vez, y a pesar de intento de cooptación permanente de los sectores de poder (que también imponen el buen decir), Maradona hacía una gambeta endiablada que los dejaba fuera de juego. Otra vez Maradona escapando de lo institucional, de lo burocratizado, del orden. Y si, a pesar del traje (elogiado a troche moche por los mismos periodistas que lo criticaban por no trabajar) con que se presentó en el primer partido del mundial, Maradona es el hecho maldito del país Olé.
Por último permítanme una pequeña reflexión sobre la buena voluntad y su proyección. Hay quienes que, con buenas intenciones (al menos con intenciones que comparto en el plano político), creen que han hecho, en este último tiempo un Maradona que coincide con nuestras humildes y maltrechas certezas. Y por supuesto que me agrada ver a Maradona al lado de Evo Morales, Chávez o Estela Carlotto. No dudo, tampoco, de su honestidad. Como tampoco dudé cuando se acercó a Menem, aunque no lo digiriera. Pero creo que, como en la cancha (como jugador y ahora como técnico) hay que dejarlo jugar. Y su carácter revelador, de glorias y miserias, seguirá poniéndonos de cara a los espejos que supimos conseguir. Casi, diría en mi desconfiado ateismo, como un dios.


Cafe Azar
Posadas, Misiones
Junio mundialista de 2010. -


Este post, también fue publicado en: http://provisorio987.blogspot.com/